La guitarra española es la que mola

Vivir en España y decir que a uno le gusta la guitarra española casi se podría considerar un tópico, junto al de las castañuelas y los toros, pero qué se le va a hacer, reconozco que es así. Desde pequeño me gustó la música, y aunque empecé con la pandereta y aporreando un tambor que mis padres me compraron para que dejara de dar la lata, luego esa caja con cuerdas me llamó la atención; y como fue una alegría en casa que dejara de armar jaleo con instrumentos de percusión para dedicarme a otra cosa más tranquila, no tardaron en apuntarme a unas clases, a ver si así dejaba tranquilos sus oídos unas cuantas horas al día, jeje.

Aunque no se tiene muy claro si este instrumento se introdujo en España gracias a los árabes, o que incluso se tendría que agradecer a los romanos en un diseño más rudimentario, no se puede negar que ha sido en la península cuando ha llegado a tomar un carácter propio y representativo. Son muchos los virtuosos de este instrumento en este país, aunque yo por mi parte debe decir que tengo más afición que arte; y aunque me he fijado en estos maestros toda mi vida, aún me queda mucho que aprender, a pesar de que soy consciente de que nunca llegaré a hacer carrera de este hobbie. Pero qué se le va a hacer, por de pronto me conformo con ser feliz con una guitarra en las manos.

Y no es que me haya quedado quieto ni mucho menos; de hecho, hace unos años, me reuní con unos amiguetes todos aficionados a la música, y decidimos montar una banda pop.  No es que vayamos a ser el grupo revelación de la década, pero por de pronto lo pasamos de puta madre tocando entre colegas y algún que otro local donde nos dejan, y aparte de divertirnos no veas cómo se liga cuando uno dice que toca en una banda, jeje. Gracias a esto nos han pasado un montón de situaciones divertidas que os contaré si queréis.

Y no puedo dejar de reconocer que, si no fuera gracias a mi afición a la guitarra, esto nunca me habría pasado.